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Trump asume la presidencia y promete romper con el orden establecido: ‘Ha llegado la hora de actuar’

The New York Times 20/01/2017

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Donald Trump durante la ceremonia de toma de posesión en Washington, el viernes

WASHINGTON – Donald John Trump fue juramentado como el 45.º presidente de Estados Unidos el viernes para iniciar una nueva e impredecible época en la que prometió romper con el orden establecido y restaurar la grandeza estadounidense.

Desde el Capitolio y frente a una multitud de cientos de miles de personas que lo acompañaron mientras empezaba a llover, Trump presentó una oscura visión de una nación afectada por la división, explotada y olvidada por las élites de Washington y disminuida en el mundo. Prometió que su llegada finalmente cambiaría eso.

A pesar de que los índices de criminalidad han bajado a niveles históricos, el presidente habló de una violencia fuera de control.

“Esta masacre estadounidense termina aquí mismo y ahora mismo”, declaró en su discurso inaugural que tuvo una duración de 16 minutos.

“El momento para los discursos vacíos ha terminado”, añadió después. “Ha llegado la hora de actuar. No permitas que nadie te diga que eso no se puede hacer”.

Trump declaró que la toma de posesión no solo representaba la transferencia pacífica del poder de un partido a otro. “Estamos transfiriendo el poder desde Washington y se lo estamos devolviendo el pueblo”, dijo.

El presidente prometió invertir esa tendencia y pensar primero en Estados Unidos. “Los hombres y mujeres de nuestro país ya no serán olvidados”.

trumpSerá un largo día de pompa y actos protocolares que terminará con tres bailes inaugurales donde Trump tendrá la oportunidad de deleitarse con su triunfo. Asumió el mando rodeado de familiares, legisladores, expresidentes y otros dignatarios, entre ellos Obama, y la candidata demócrata que venció en noviembre pasado, Hillary Clinton.

Sus adversarios han dejado claro que no postergarán, ni siquiera por un día, las críticas hacia el nuevo líder, al que acusan de fomentar el racismo y el odio. De hecho, los manifestantes se reunieron el viernes por la mañana para protestar contra el nuevo presidente y las organizaciones liberales han organizado una marcha programada para el sábado que espera convocar a 200.000 personas en el centro de Washington.

La violencia estalló una hora antes de que Trump prestara juramento cuando los manifestantes destrozaron las vitrinas de los negocios ubicados en los alrededores de Franklin Square en el centro de Washington. A una sucursal de Bank of America le rompieron todas las ventanas y un Starbucks quedó con un agujero en su puerta de cristal. Los agentes de la policía, equipados con cascos antidisturbios, usaron el aerosol de gas pimienta para dispersar a los protestantes, quienes se separaron y continuaron rompiendo ventanas.

Para Trump, las ceremonias coronaron su notable ascenso al poder que desafió todas las expectativas. Aunque oficialmente es considerado como un republicano, el presidente atacó a los líderes de ambos partidos y se posicionó como un candidato fuera del sistema dejando claro que seguirá sus propios instintos para determinar el rumbo de la nación.

Mike Pence presta juramento como vicepresidente de Estados Unidos, el 20 de enero de 2017 Credit Michael Reynolds/European Pressphoto Agency

Estados Unidos nunca ha visto un presidente como Trump: hijo y nieto de inmigrantes que creció hasta convertirse en un magnate del sector de bienes raíces, dueño de casinos y concursos de belleza, así como una estrella televisiva cuya tumultuosa vida amorosa solía ser reseñada en las páginas de los diarios sensacionalistas.

Nunca antes se había juramentado a alguien sin experiencia en cargos públicos ni en el Ejército. A sus 70 años, Trump se convertirá en el presidente más viejo que ha tomado posesión y el primer oriundo de Nueva York desde Franklin D. Roosevelt.

Es uno de los mandatarios más ricos que han entrado en la Casa Blanca, con grandes negocios que ya han planteado dudas sobre dónde terminan sus intereses y comienzan los del país. Llega al Despacho Oval rodeado de informes sobre la injerencia de Rusia en la elección que ganó y, en las horas previas a su toma de posesión, con el anuncio de una nueva investigación federal sobre los vínculos de algunos de sus asesores con Rusia.

Pero Trump superó a los escépticos que no lo tomaban en serio cuando se embarcó en lo que parecía ser una campaña quijotesca por la presidencia. Es un magnate educado en universidades de la Ivy League que vive en una torre con una sala de estar de 80 metros situada en el corazón de Nueva York, la ciudad más grande del país. Contra todas las expectativas se convirtió en el líder de un movimiento populista arraigado de las costas urbanas y suburbanas del país.

Su franqueza junto con su indiferencia por los convencionalismos y el carácter necesario para ofender a sectores enteros de la población con el fin de demostrar sus convicciones, lo convirtieron en un candidato fresco para muchos estadounidenses desencantados con las élites políticamente correctas de Washington. Pero sus constantes peleas e impulsivas reacciones en Twitter han alejado a muchos ciudadanos, dejándolo en las encuestas con el menor porcentaje de apoyo de los presidentes contemporáneos.

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Donald Trump pronuncia el juramento con una mano sobre dos biblias, una que le dio su madre y la otra usada por Abraham Lincoln y Barack Obama. CreditJim Bourg/Reuters

Asume el poder sin haber definido a buena parte de su equipo. Aunque tiene nominados para cada cargo del gabinete, el proceso de confirmación del senado ha sido lento y se han anunciado pocos funcionarios del subcomité encargado de los nombramientos. Trump le ha pedido a más de 50 funcionarios del gobierno de Obama, en particular a los de las agencias de seguridad, que permanezcan temporalmente en sus cargos para asegurar la continuidad del gobierno.

Para la ceremonia de inauguración de su mandato, Trump optó por seguir la tradición. Acompañado por su esposa, comenzó la jornada asistiendo a un servicio religioso en la Iglesia Episcopal de San Juan en Lafayette Square, cerca de la Casa Blanca. Y luego hicieron el corto viaje hasta la residencia oficial para reunirse con Barack Obama y su esposa, Michelle. Desde ahí, los dos presidentes compartieron una limusina hasta el capitolio.

Además de Obama, los expresidentes Jimmy Carter, Bill Clinton y George W. Bush asistieron a la ceremonia, aunque los cuatro se opusieron a la elección de Trump. El expresidente George H. W. Bush sigue hospitalizado en Houston, donde se recupera de una neumonía. Más de cuatro docenas de representantes demócratas boicotearon el evento en protesta.

Tres líderes religiosos participaron en el acto. Empezó el cardenal Timothy M. Dolan, arzobispo católico de Nueva York que una vez acusó a Trump de “nativismo”, seguido por el reverendo Samuel Rodríguez de la Conferencia Nacional Hispana de Líderes Cristianos y la pastora Paula White de Florida.

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