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Oct 25

Geopolítica de la seguridad en América Latina: un antes y un después en seguridad

 

Miguel Angel Barrios, Norberto Emmerich y Yesenia Torres Curiel  25/10/2017

 

La Editorial Biblos de Buenos Aires acaba de lanzar el libro “Geopolítica de la seguridad en América Latina”, un texto fundacional en temas de seguridad.

Con la geopolítica de la seguridad aparece por fin un nuevo paradigma conceptual y metodológico que supera ampliamente los esquemas de pensamiento conocidos hasta ahora y promete revolucionar el concepto de seguridad, al incluir necesariamente a la territorialidad del Estado como elemento definitorio de las problemáticas de seguridad.

Los autores afirman que la seguridad está vinculada estrechamente al territorio y al Estado y por lo tanto se trata de una problemática geopolítica. Las cuestiones de seguridad no se comprenden a partir de los delitos que se cometen sino por la territorialidad involucrada en el territorio político donde se ejercen esas conductas criminalizadas. Desde el punto de vista jurídico-legal es lo mismo un homicidio en una zona rica de la ciudad que en una barriada pobrísima, pero desde el punto de vista político, no lo es. Y la geopolítica de la seguridad asume el desafío de trazar los límites territoriales de la criminalidad para que los inocentes no se conviertan en criminales y los criminales no se consideren inocentes.

Si la seguridad es un asunto territorial, ello implica estatalidad y por lo tanto representa un problema territorial y político, en el que necesariamente deben interactuar el municipio, el gobierno provincial o estadual y el gobierno nacional.

En todas las grandes ciudades de América Latina el delito crece en cantidad y complejidad al igual que las poblaciones carcelarias. Sin embargo ningún analista ni periodista considera al Estado como parte del problema sino como parte de la solución, como si la vida social se dividiera tajantemente entre ángeles y demonios. La geopolítica de la seguridad se sumerge en el estudio complejo del entramado social y presenta con brillantez una propuesta de seguridad sorprendentemente nueva cuyo doble eje central se basa en la territorialidad y en la estatalidad.

 

“En síntesis: las problemáticas de seguridad no se definen por los delitos que se cometen sino por la territorialidad involucrada. Esa territorialidad incluye, además del propio suelo físico, espacios públicos, viviendas, acceso y transporte, vía pública. Los adolescentes siempre se refieren al espacio geográfico como un elemento articulador de su identidad y así integran en su espacio interior las calles, los parques y las plazas, los lugares donde pueden dar evidencias de organización, poder y fuerza. Los adolescentes son “con” otras personas “en” determinados territorios. Que los delitos se cometan, y tiendan a cometerse nuevamente, en un territorio, es un dato empírico; lo relevante es que el territorio defina los valores, las percepciones, los escenarios y los comportamientos de los actores incluidos en él (habitantes) y relacionados con él (policía, autoridades)” (pág. 52).

 

“La observación del mundo real da cuenta de profundos cambios en el Estado, el territorio y la seguridad, con la aparición de lógicas al mismo tiempo superpuestas y contradictorias. Dicen que el Estado perdió relevancia, cuando en el “mundo real” fue el actor central del proceso de globalización, cambiando la naturaleza del poder, no perdiendo poder. Dicen que el territorio es menos importante en la política internacional, pero en el “mundo real” aumentaron las intervenciones militares y las guerras. Dicen que el territorio perdió relevancia en la política nacional, pero en el “mundo real” se militarizó la seguridad y se criminalizó abundantemente la vida social en los sectores periféricos y marginales. Dicen que la seguridad asiste a un desborde de delitos y crímenes, pero en el “mundo real” hay un incremento desmesurado de excepcionalidad, leyes punitivas, violación sistemática de derechos humanos y políticas de emergencia.

Si las cosas han cambiado en el mundo real, es hora de que cambien los enfoques teóricos que las estudian” (pág. 56).