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Jul 20

Aumentan en un 50% Territorios de cultivo Coca en Colombia

New York TImes 18 /07/2017

Después de décadas de conflicto, las Farc y el gobierno buscan que los agricultores colombianos sustituyan sus campos de coca por cultivos legales, pero las ganancias de la coca siguen siendo demasiado tentadoras y muchos desconfían de las promesas de las autoridades.

Campo Elías Chagua recoge hoja de coca y recibe a cambio unos 460 dólares por kilo. Lleva cultivando coca desde hace 20 años

 

LOS RÍOS, Colombia — Más o menos cada tres meses, Javier Tupaz, padre de seis hijos, baja la colina desde su casa de tablones de madera para trabajar en su laboratorio de cocaína en la jungla.

Al igual que todos en su poblado, Tupaz depende del negocio de la coca para obtener efectivo, y ha sobrevivido durante décadas de guerra en Colombia. La producción no se detuvo durante el conflicto que parecía no tener fin entre los guerrilleros y el gobierno colombiano, que trató de destruir sus cultivos de coca en múltiples ocasiones. Él simplemente volvía a plantarla.

Sin embargo, Tupaz cree que hay una cosa a la que sus cultivos podrían no sobrevivir: la paz.

El acuerdo de paz que se firmó el año pasado entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las Farc, puso fin al conflicto más antiguo del continente americano. Pero el gobierno colombiano también ve en la paz la mejor oportunidad que Colombia ha tenido en décadas para acabar de una vez con el tráfico de drogas controlado por los guerrilleros, y poder sustituirlo con cultivos legales, aunque sean menos lucrativos.

“Celebramos el acuerdo; después de todo, el conflicto terminó”, dijo Tupaz, de 44 años, al lado de uno de sus enormes barriles de droga. “Pero, por otra parte, las Farc tenían el control aquí; uno podía cultivar coca, tener un laboratorio y estaba protegido”.

La paz significa que los soldados ya no tienen que abrirse paso a tiros en el territorio de los rebeldes para arrancar plantas de coca ni desmantelar laboratorios de droga. Ahora las Farc, que formalmente entregaron las armas en junio, han unido fuerzas con el gobierno para que los campesinos dejen de cultivar coca, en una de las primeras colaboraciones entre los hasta hace poco enemigos.

Afuera de Los Ríos, la comunidad en la que vive Tupaz, los rebeldes ahora aparecen vestidos de civiles junto a los funcionarios del gobierno, intentando convencer a los campesinos de que planten cultivos como la pimienta negra y el palmito.

“Sin la guerra con las Farc se nos presenta una gran oportunidad”, explicó el vicepresidente Óscar Naranjo, un general retirado que pasó buena parte de su carrera luchando contra los guerrilleros.

Hay cierta urgencia detrás de los esfuerzos por sustituir los cultivos. El año pasado, incluso cuando el gobierno y las Farc estaban negociando la paz, el cultivo de coca en Colombia se disparó: una cantidad récord de tierras fueron destinadas a este cultivo, señaló la Oficina Nacional de Políticas de Control de Drogas de la Casa Blanca.

Ahora, como parte de su plan de reconstrucción de los departamentos colombianos en la jungla y asolados por la guerra, el gobierno promete entregar dinero a las primeras 50.000 familias productoras de coca que acepten la oferta de sustitución: un pago mensual de unos 325 dólares por el primer año que los campesinos abandonen el cultivo de coca, seguido de subsidios para plantar nuevos cultivos y educación sobre cómo hacerlos crecer.

Colombianos que cultivan coca en La Florida durante un seminario de buenas prácticas para la sustituciónCreditJuan Arredondo para The New York Times

Pero, aunque haya incentivos, el general Naranjo advirtió que no desaparecerá el uso de la fuerza.

“No todos querrán sustituir sus cultivos”, dijo, en especial aquellos que tienen fuertes lazos con la industria del narcotráfico. “Y para ellos habrá erradicación manual forzada”.

Desde el pequeño terreno cercano a su pueblo, Tupaz dice que le parece como si la historia se repitiera.

Tupaz recuerda que a principios de 2000 el gobierno le entregó dos vacas a cada familia para que dejaran de producir coca, un plan que condujo a que los precios del ganado se desplomaran cuando la gente vendió los animales. O cuando a los funcionarios se les ocurrió la idea de cultivar vainilla, proyecto que fracasó porque en Los Ríos nadie sabía cómo cultivarla. Luego hubo una ocasión en 2010 cuando Tupaz, después de tantas fumigaciones a sus plantas de coca, prefirió abandonar el cultivo de droga y recorrer un camino lodoso hasta el banco local del pueblo para solicitar un préstamo con el fin de plantar 8000 metros cuadrados de cacao.

“Tenían apenas este tamaño cuando también los rociaron”, dijo, levantando la mano unos cuantos centímetros del suelo, mientras relataba cómo los aviones militares arrojaron químicos que acabaron matando sus cultivos legales.

Las fumigaciones se detuvieron en 2015 porque la Organización Mundial de la Salud vinculó el herbicida utilizado para esa labor, el glifosato, con el cáncer.

Mary Fanny Ruales y su familia fueron de los primeros en sustituir sus cultivos cuando aún no se ofrecían subsidios.CreditJuan Arredondo para The New York Times

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