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abr 19

61 policías separados por nexos con narcos

El Comercio 18/04/2017

En la imagen aparece parte de los USD 12 millones hallados por la Policía en el operativo del jueves. Foto: Min Interior

En la imagen aparece parte de los USD 12 millones hallados por la Policía en el operativo del jueves. Foto: Min Interior

El capitán de la Policía es señalado como una “pieza clave” dentro de la estructura montada por un grupo ilegal desarticulado hace cinco días en el país. Inteligencia advierte que el oficial manejaba toda la logística de seguridad para el traslado de la cocaína desde Colombia hacia el Ecuador.

Además, se lo indaga porque aparentemente daba las alertas sobre posibles redadas en Guayas y Manabí, centro de operaciones de esta banda.

Ayer, 17 abril, este Diario conoció que Antinarcóticos localizó una cuarta caleta con USD 2 millones en efectivo. En total, la Policía ya ha confiscado USD 14 millones en la denominada operación Sol Naciente.

Informes de Inteligencia refieren que los nueve detenidos el jueves en esa incursión tienen vínculos directos con los dos ecuatorianos radicados en Colombia y que fueron capturados dos días antes en ese país.

Uno de ellos, identificado como Washington Prado, es considerado el cabecilla de esta mafia y EE.UU. intenta extraditarlo y procesarlo por el envío de 250 toneladas de droga.

En Ecuador, toda la red seguía sus directrices, bajo la coordinación del capitán de Policía. Los agentes locales indagan desde cuándo el oficial pudo haber formado parte de la organización. Por datos de la DEA, la unidad antidrogas de Estados Unidos, se conoce que la estructura estuvo activa al menos los últimos dos años.

En la Policía admiten que la participación de agentes en el crimen organizado les preocupa. Un alto oficial aseguró ayer que hay una campaña interna para “concientizar” a los uniformados y así evitar que sean tentados por las mafias.

“Los traficantes siempre reclutan a quienes tienen acceso a sectores clave, sean policías, fiscales o jueces”, advierte. El general (r) Juan Carlos Barragán, exdirector nacional de Antinarcóticos, también reconoce que las redes transnacionales cuentan con los recursos económicos suficientes para corromper a los uniformados.

El oficial fue parte de los primeros procesos de depuración policial, ejecutados entre el 2013 y 2014, y señala que se han identificado tres escalas dentro del crimen organizado a la hora de reclutar a los agentes.

El primer nivel, el corruptor, en el que no se ejerce la violencia; el segundo, que emplea la intimidación para cooptar a los policías, y el tercero, que usa la violencia para convencerlos.

El Ministerio del Interior revela que entre 2013 y 2017, la institución ha separado a 929 uniformados por delitos y faltas disciplinarias. De esa cifra, 61 policías fueron desvinculados por nexos con organizaciones del narcotráfico.

Pese a los datos, Barragán dice que la Policía ecuatoriana tiene mínimos niveles de contaminación si se compara con instituciones de otros países.

Este fenómeno ha sido analizado en la región. En el 2005, el experto mexicano Jorge Chabat ya advertía que el narcotráfico se convirtió en una fuerza real que desafía a los Estados.

“Su instrumento favorito es la corrupción, que le permite realizar su negocio con eficiencia”, dice en su análisis.

Además, el académico aclaraba que los carteles no solo pagan dinero para que un policía voltee la vista hacia otro lado cuando pasa el cargamento de droga. También lo hacen por información sobre operativos, para eludirlos, y por información sobre “traidores” y sobre actividades de bandas consideradas competidoras.

De eso, precisamente, habló el jueves pasado el viceministro del Interior, Diego Fuentes, horas después de la operación Sol Naciente. El funcionario advirtió que la organización también se dedicaba al sicariato y, al parecer, está relacionada con muertes violentas que ocurrieron en Manabí y Guayas, por disputas de territorios.

Pero el capitán detenido hace cinco días no es el único oficial involucrado con organizaciones del narco. En abril del 2015, la Policía capturó a un teniente coronel y se dijo que él “era el tercero al mando dentro de una red delictiva” de drogas.

Los reportes de Inteligencia señalaban que ese grupo “contaba con un dispositivo de seguridad dispuesto por el oficial”. Él aparentemente establecía “las políticas para gestionar los envíos, generaba las comunicaciones, los lugares para las reuniones y la forma de detectar unidades policiales que pudieran poner en riesgo las actividades criminales”.

Seis meses antes, otra red de narcotraficantes, en la que operaban cinco uniformados, fue desarticulada. Las investigaciones determinaron que los sospechosos enviaban cocaína desde el aeropuerto de Quito a México y Europa.

Este Diario accedió a los expedientes judiciales donde constan las comunicaciones interceptadas a uno de esos agentes. “Estamos en los filtros (del aeropuerto). Todo está arreglado y el ‘man’ pasa desapercibido. Saquemos (la droga) el viernes en un vuelo directo”, se escucha en una de las llamadas.

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